sábado, 29 de septiembre de 2012

Despedidas y (re)encuentros

No conozco a nadie que le gusten las despedidas. Siempre son tristes, dolorosas, incómodas y difíciles. Pero a veces son completamente necesarias. Por más que uno se quiera resistir, a veces compensa decir adiós y es el único camino para ser honesto con uno mismo y poder seguir creciendo.

Llegado el momento hay que decidir y cerrar puertas.

En los últimos días he disfrutado de algún reencuentro y ha sido absolutamente maravilloso. Poder compartir tiempo con un ser querido, poder hablar directamente y sin tapujos, descubrir que compartes ideas, anhelos, esperanzas y sueños, este es uno de los mayores regalos de la vida.

Retomar un proyecto pasado el verano y hacerlo con más ganas, ilusión y fuerzas, no tiene precio.

Saber que vas a poder disfrutar unos días de una de las personas más especiales que has conocido en tu vida, después de  dos años sin verla, me llena de alegría.

Intuir que estás en el camino de ser cada día más tú mismo y que esto no es más que el principio.

Y todo esto mientras nos enfrentamos a un momento histórico, de lucha, de reivindicación, de rebeldía, difícil, complicado y duro.

No puedo dejar de ser optimista y tremendamente positivo.

Sigo creyendo profundamente en el ser humano, por encima de todo.

Sólo puedo decir, gracias.

La vida es maravillosa, vívela, conmigo, sin miedos.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Agosto, ¿cerrado?

El mes de agosto es por definición ese tiempo en el que "todo se para". Llevo escuchando esto toda mi vida, que si en agosto "está tó muerto", "que está tó cerrao", etc.

Y lo cierto es que pensándolo bien, para mi está siendo un mes muy completico.

Aunque claro, para alguien que está "parado" (que poco me gusta esa palabra y la intencionalidad con que mucha gente la usa), pensaréis que hacer cualquier cosa ya es motivo para creer que está resultando "productivo".

Después os cuento porqué está siendo un mes completico, ahora os quiero hacer partícipes de una decisión que he tomado: voy a dejar de utilizar las palabras parado y productivo (tanto en ambos géneros como en singular o plural).

He decidido esto porque me parece que la palabra parado ha ido adquiriendo unas connotaciones peyorativas que no me gustan nada. Parece, como hace algún tiempo alguien de mi propia familia me reprochaba, que si uno no trabaja es porque no quiere. Pues no, no sólo eso, sino que parece que tienes que aceptar la primera mierda que te ofrezcan y obedecer como un corderito, con unas condiciones laborales horribles rayando la esclavitud y encima has de estar agradecido.
Lo siento, pero no juego, no me gustan las reglas. Además, el hecho de estar desempleado, es decir, sin tener un trabajo remunerado de forma continua, no implica necesariamente estar parado. Porque yo no paro de hacer cosas.

Por otro lado, la palabra productivo, tampoco me gusta. Para mi hace referencia a algún trabajo o actividad que produce algo, que resulta rentable, que genera una plusvalía. De manera que forma parte directa del lenguaje propio del sistema capitalista y como estoy en contra de este sistema, he borrado esta palabra de mi léxico. La he sustituido por fructífero, en su sentido literal: aquello que da fruto.

Os puede parecer una chorrada, pero hace años que estoy convencido de que el lenguaje configura nuestra percepción de la realidad, así que me parece tremendamente importante cuidar el mío.

Pues bien, partiendo de esto, mi mes de agosto está resultando especialmente fructífero. He seguido formándome en ese maravilloso arte que es la interpretación, estoy teniendo la posibilidad de conocer a gente maravillosa, noto que sigo creciendo personal y profesionalmente, van surgiendo nuevos proyectos,...


¿Quién decía que en agosto todo se paraba? ¿Que todo estaba cerrado?

Para mi, en este mes se me ha acrecentado la idea de que todo está abierto, que hay millones de posibilidades, que siempre se puede hacer algo más.

Hay que reinvertarse.

Supongo que todo esto me hace llegar a dos conclusiones.

La primera es que no necesito un trabajo regulado, precario y alienante para sentirme útil.

La segunda es que ser feliz es mucho más fácil de lo que imaginamos algunas veces.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

miércoles, 11 de julio de 2012

La lucha

Hoy estoy guerrillero, bueno a decir verdad ya llevo bastante tiempo en este estado. Me revelo, si, me revelo. ¿Contra qué?

Contra todas y cada una de las injusticias que los que nos des-gobiernan cometen a diario con total impunidad. Contra el pensamiento que mantiene a la gente apoltronada y sentada en su sofá sin reaccionar ante todos los atracos que nos están haciendo. Contra el conformismo estúpido. Contra la idea de que esto se soluciona echándose la culpa unos a otros. Contra el pensamiento único. Contra los retrocesos en justicia social. Contra la apatía. Contra el mal humor. Contra el pesimismo y la negatividad. Contra...

Mi rebelión no es contra las personas, es contra el sistema. Este maldito sistema capitalista que genera desigualdades cada vez mayores, que nos hace creer que somos "clase media" (jajaja), que nos hace perder la perspectiva de que unidos podemos contra todo, que nos condena a un papel meramente simbólico de espectadores y sufridores de las consecuencias de lo que otros deciden por nosotros.

Apuesto por una rebelión total, organizada, pacífica, desde abajo, con y para los y las de abajo. Donde la justicia social y un mundo equitativo sean los objetivos a lograr. Donde se decida por consenso, en el que la opinión de todas las personas tenga el mismo valor.

Quiero otro mundo para mi y para los que me rodean y sobre todo, para aquellas que están por venir. Es nuestra responsabilidad luchar por nuestros derechos y procurar que la herencia que dejemos a nuestros hijos merezca la pena.

Tenemos el derecho y la responsabilidad de lograr que esto cambie, está en nuestras manos.

Yo quiero intentarlo, debo intentarlo. ¿Y tú?

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

domingo, 1 de julio de 2012

Terapia

Tengo personalidad adictiva, lo confieso. Bueno quien me conoce sabe de sobra que esto es así. Si, cuando me da por algo, es que no puedo parar.

Me pasaba cuando fumaba, no creáis que no envidio a esa gente que es capaz de fumarse un cigarro o mil un día de juerga y luego volver a su normalidad y ni siquiera acordarse del tabaco. Los envidio muchísimo, porque yo o fumo o no fumo.

Si mastico chicle, no me conformo con uno, cuando al primero se le acaba el sabor me como otro y luego otro, después otro más, hasta que acabo con el paquete.

Los helados son mi debilidad, sería capaz de comerme dos o tres tarrinas al día, pero de las de medio litro, no es penséis que de las pequeñas.

Sabéis esas tortitas de maíz supuestamente dietéticas, si esas que saben a gusanitos, pues soy capaz de comerme un paquete en una sentá.

Con las pipas y frutos secos en general me ocurre lo mismo, no puedo parar.

Un momento, que me estoy dando cuenta de que todos los ejemplos menos el del tabaco estoy hablando de comida, ¿seré un comedor compulsivo? Intuyo que cualquier psicólogo/a o psiquiatra seguro que se forraría a mi costa.

Tengo el convencimiento de que esta gente (psicólogos, psiquiatras, terapeutas, etc) la mayoría de las veces se inventan las dolencias, traumas, frustraciones, enfermedades, trastornos y demás para poder seguir viviendo de su trabajo.

En eso es una de las cosas en las que estoy de acuerdo con mi padre, le he escuchado decir muchas veces que él no va al médico para que no le saquen lo que no tiene.

Conozco a gente que tiene "su terapeuta", es curioso como esto que hace unos años nos quedaba tan lejos, lo veíamos como algo casi mítico que salía sólo en las películas, se ha convertido en algo frecuente a nuestro alrededor.

Algunos de mis amigos "hacen" terapias. No estoy en contra, en absoluto. Creo que incluso a veces es necesario y beneficioso.

Lo que me preocupa es que perdamos la necesidad de abrirnos a la gente que nos rodea, que nos quiere y la sustituyamos por hacerlo ante un/a profesional que más allá de todas las particularidades de la terapia concreta que practique, básicamente se dedica a escuchar con atención.

Quizá os parezca un poco simplista, pero me aburro de tener conversaciones anodinas, sin relevancia, con amigos. Y me da pena y rabia pensar que esos amigos no sean capaces o no quieran abrirse a mi y que luego se gasten una pasta en terapia.

A veces tengo la sensación de que no conozco bien a mucha gente que me rodea y quiero conocer. Pero conocer de verdad, lo esencial: los deseos, sueños, miedos, aspiraciones, frustraciones, tristezas y alegrías.

Os cuento un secreto: siempre habrá alguien dispuesto a escucharnos, con calma, paciencia, ternura, crítica constructiva, sinceridad, confianza... y eso no se paga ni con todo el oro del mundo.

Aprovechaos y disfrutadlo.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

jueves, 14 de junio de 2012

La gran mentira

Yo nací, crecí y me eduqué en una familia humilde, de clase trabajadora. Eso lo sé desde siempre, aunque durante un tiempo tuvimos la creencia de que éramos "clase media". Que gracia, eh. Todavía a mis 33 (ya casi 34) años no entiendo muy bien que es eso de clase media.

Hace tiempo que tengo el convencimiento de que nos robaron, si literalmente, nos robaron la conciencia de clase. Nos hicieron creer que podíamos acceder a un mayor nivel de "calidad de vida" y que para ello, podíamos ir a la Universidad, gastar más, comprar coches nuevos, ropa nueva cada temporada, una casa, ...
En definitiva, nos convencieron de que íbamos a poder vivir mucho mejor que nuestros padres.

Todavía recuerdo a mis padres diciéndome y diciéndonos (a mis hermanos y hermanas) que nos esforzásemos, que estudiásemos más, para que "...tengáis todo lo que nosotros no hemos podido tener". Ellos se referían al acceso a una educación (universitaria a ser posible), a conocimientos, a fuentes de información, experiencias, a relaciones sociales y por supuesto a un mayor nivel de consumo.

Porque les confundieron, les hicieron pensar que por tener un mayor nivel de estudios automáticamente tendríamos acceso a un puesto de trabajo mejor, estable y mejor remunerado. Y nosotras también caímos en la trampa.

Nos la colaron, pero bien.

Lo cierto es que todas esas promesas de "mejora" hicieron que olvidásemos de dónde veníamos. Pensamos que lo de heredar ropa de nuestros hermanos mayores, lo de tomar refrescos sólo los domingos, lo de una paga semanal de 500 pesetas, no tener ropa de marca, estudiar sólo si mantenías la beca, compartir dormitorio con tus hermanos, no ir de vacaciones, pisar la playa por primera vez a los quince años, ... pensamos que todo eso había pasado a la historia.

Pues bien, ahora estamos aquí y resulta que lejos de conseguir mejor que nuestros padres, estamos viviendo peor que ellos y creo que vamos a vivir aún peor todavía.

No, no se trata de pesimismo, sino de ser realista. Nos están quitando todo, todo por lo que varias generaciones anteriores tanto lucharon. El (bajo mi punto de vista) poco desarrollado "Estado de Bienestar" que teníamos, lo están dilapidando. 

Nos están robando en nuestras propias narices y ¿no vamos a hacer nada?

Sé quién soy, sé de dónde vengo, soy obrero, de clase trabajadora y no estoy dispuesto a permitir que las élites, la clase política que nos (des)gobierna, los famosos mercados, me tomen más el pelo.

Hay que hacerlo, hay que rebelarse, hay que salir a la calle, hay que unirse y no dejar que nos sigan pisoteando.

La revolución ha comenzado.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

sábado, 2 de junio de 2012

Teatro

Ya hace casi 3 años que empecé a "hacer" teatro. Lo cierto es que llevaba años, desde adolescente, queriendo hacerlo. Tenía un compañero del colegio que por entonces iba a Córdoba a estudiar danza y él me comentó que donde recibía las clases, también impartían clases de teatro. Durante un tiempo me lo estuve pensando y me moría de ganas de decirle a mis padres que quería estudiar teatro; o lo que es lo mismo, que quería ser actor.

Cómo le plantea eso uno a unos padres que no tuvieron la oportunidad de estudiar mucho y que desde pequeño te están diciendo que quieren para ti lo que ellos nunca tuvieron. Esa máxima se traducía en que querían que estudiase, una carrera a ser posible, y si tenía "futuro" mucho mejor.
De manera que mis ganas de planteárselo se diluyeron con el paso del tiempo, supongo que no encontré entonces el valor suficiente para decirles: "papá, mamá, quiero ser actor". En realidad creo recordar que alguna vez si les hice algún comentario, que evidentemente pasó por sus oídos sin pena ni gloria.

Años después, y con esas ganas pululando por mi interior, surgió la oportunidad de empezar a recibir clases de teatro. Creo que es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

En aquel momento no podría pensar que estaría donde estoy hoy día. En estos casi tres años he tenido la oportunidad de aprender mucho, he tenido la suerte de encontrarme con grandes profesores y profesoras. Sobre todo en el último año, he experimentado lo que se siente al enfrentarse a un papel principal y a otros papeles con poco texto.

No hay papel pequeño.

El teatro me está dando la oportunidad (impagable) de poder compartir espacio-tiempo con gente maravillosa, de la que estoy aprendiendo muchísimo.

Creo que estoy desarrollando otra "visión" del mundo gracias al teatro.

Ayer, tuve la oportunidad de conocer a otro grupo de gente a quienes el teatro también les ha embaucado. Además, pude empezar a acercarme a la visión que Edward Bond tiene del teatro.

Desde hace tiempo vengo dándole vueltas a la idea de poder conjugar mi formación profesional con el teatro. Creo que en el mundo Bondiano puede estar la respuesta, o al menos una parte de ella.

Me apetece investigar, seguir aprendiendo, compartir, conocer, disfrutar, empaparme, crecer, caminar, descubrir, vivir...

Todo esto me lo ofrece el teatro, me picó el "bicho" del teatro y esto ya no tiene cura.

Os dejo un texto de Edward Bond, que me impactó.

Hierba (La)

No camines en la hierba
El letrero no dice que no camines en la hierba

Si caminas en la hierba serás fusilado
Toda persona que camine en la hierba será fusilada
No está permitido caminar en la hierba: los infractores serán fusilados al amanecer
Está prohibido caminar en la hierba: penalización por desobediencia muerte a tiros
Prohibido caminar en la hierba: incumplimiento dará lugar a procesamiento y a muerte por un  pelotón de fusilamiento
Los padres de cualquier niño que esté caminando saltando corriendo o arrastrándose sobre la hierba serán fusilados y sus niños llevados a un orfanato
Las sillas de ruedas no pueden ser conducidas o empujadas sobre la hierba: 
los usuarios o empujadores de  este tipo de vehículos serán disparados y sus vehículos confiscados
Cualquier persona vagando sobre la hierba en estado de embriaguez será primero rehabilitada y después fusilada
No camines en la hierba: el coste de las balas es una carga para los contribuyentes

Camina por los senderos
Los senderos se han establecido para tu orientación y uso
Camina sobre la grava

El letrero no dice fusilar
El letrero dice por favor

La ley debe contener la liturgia y la boca hacerse agua

Come la hierba
Es tu pan de cada día

E. Bond, 29-03-2008
Traducción J.César Villa


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

jueves, 31 de mayo de 2012

Optimismo

Acabo de ver un "estado" de un amigo en facebook y me ha dado que pensar. Ponía él que hoy se siente optimista y al momento he hecho un repaso mental rápido de los enlaces, comentarios, actualizaciones de "estado", etc que yo suelo ir poniendo en los últimos tiempos.
A bote pronto, lo he tenido claro, si alguien que no me conoce echase un vistazo a mi "muro", podría pensar que soy un amargado, que sólo presto atención a lo negativo. Aunque en los tiempos que corren es difícil abstraerse del bombardeo diario de noticias, a cual más desalentadora.

No puedo evitar "hacerme eco" de todas esas noticias, me indignan, me asquean, me cabrean, se me revuelven las entrañas...

Aunque a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, esto no me genera pesimismo, en serio que no. Creo que siempre hay espacio para la esperanza, para el optimismo, para seguir pensando, sintiendo, creyendo que otro mundo es posible.

Cada día tenemos la oportunidad de elegir cómo queremos enfrentarnos a nuestra realidad, la cercana y la global. Está en nuestra mano, nadie nos puede quitar ese derecho. Estoy convencido de que somos energía, que fluye, que se contagia, que nos contagiamos unas a otras.

De nosotras depende lo que queramos provocar en nuestro ámbito, en la gente que nos rodea. En cierta manera provocamos lo que proyectamos. Si transmitimos positividad, recibimos positividad. Si transmitimos negatividad y pesimismo, eso recibiremos.

Así que yo elijo cada día ser positivo, creer en las personas, confiar en que todo tiene arreglo, irradiar energía positiva con todas mis fuerzas, quiero provocar cambios.... Primero en mi y, en la medida de mis posibilidades, influir en quien pueda.

Si queremos, se puede, hay ejemplos. Sólo hay que rascar un poquito.

¿Alguien quiere un poquito de energía positiva? Venga, que tengo para repartir.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

miércoles, 23 de mayo de 2012

La fuerza

Desde pequeños nos enfrentamos, directa o indirectamente, a la pregunta de ¿tú que quieres ser de mayor?
A veces formulada así, en esta forma, directamente; otras veces con otros formatos: ¿a qué aspiras en la vida? ¿adonde quieres llegar? ¿qué buscas?...

Con el paso de los años voy teniendo más claro que no tengo nada claro, que cada vez tengo menos certezas. Al principio esto me preocupaba, pensaba que necesitaba ir afianzando cosas, ideas, pensamientos, sentimientos.
Poco a poco he ido descubriendo que es justo al contrario, me gusta no tener certezas. Esto me hace estar abierto, receptivo, dejándome influir por lo que me rodea, por lo que me encuentro, por quienes me voy cruzando en el camino.

 Es una maravilla poder sentir lo que ocurre, lo que me ocurre, con intensidad plena, sin medias tintas, sin tapujos, sin miedo alguno.

En muchas ocasiones me han intentado hacer creer que madurar, entre otras cosas, supone ir endureciéndose, insensibilizándote, logrando que lo que pasa a tu alrededor no te afecte o que lo haga sólo de manera superficial.
A esto es a lo que aspira mucha gente, por desgracia en mi opinión.

La vida a veces es puñetera, difícil, complicada, dura, injusta, dolorosa, ... Está bien, esa es la realidad, pero no creo que sea más fácil porque logremos que las cosas pasen lo más rápido posible y sin tocarnos.

Estoy convencido de que lo que realmente merece la pena es sacarle cada gramo, cada gota, cada mínima esencia a todo lo que nos ocurre; a todo lo que ocurre fuera y dentro de nosotras mismas.

Yo elijo sentir, sentirlo todo, cada vez más, con más intensidad, con toda la intensidad de la que sea capaz en cada momento, quiero vivir mi vida desde lo emocional, y si hay que llorar pues se llora y si hay que reír pues se ríe, si hay que abrazar se abraza, si hay que besar se besa, si hay que acompañar se acompaña, ...

Todas estamos fabricadas del mismo material.

Creo que eso es ser valiente y por supuesto eso es ser fuerte.

Hay que dejarse llevar, sin miedo, merece la pena, sin duda.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

lunes, 21 de mayo de 2012

Vuelta a casa

Cuanto tiempo sin escribir nada. Parece que el calorcito me incita a retomar la escritura. Para ir abriendo boca os dejo algo que escribí el 19 de mayo de 2010.


Salgo de comprar un rollo de papel de regalo, naranja por supuesto, vengo de comprar también un libro (para regalarlo) y de repasarme un tatuaje que aún resistiendo bien a los elementos de la naturaleza y al inexorable paso del tiempo, necesitaba ya un retoque. Me paro en los escaparates y empiezo a pensar, en realidad nunca dejo de hacerlo. Decido apagar la radio, seguir con los auriculares puestos y me pongo a observar, otra cosa que siempre estoy haciendo.

La pareja joven tomando café en una terraza, con un carrito y dentro un bebé. Las amigas de mas de cuarenta hablando mientras una de ellas compra tabaco, me cuelo y compro dos paquetes de camel; "tengo que dejarlo", me repito una vez más mientras saco el dinero de la cartera.
La conocida con la que me cruzo, le digo adiós y ella responde de forma automática. A veces parecemos robots.

La prisa...

El grupito de jóvenes a la puerta del supermercado recién hecha la compra para la correspondiente bacanal en su moderna versión de esta noche, en el botellodromo.

El alcohol...

Los dos tíos que se ganan la vida pidiendo limosna en la puerta del mismo supermercado. Uno dando indicaciones al otro de no sé que sitio, en no sé que calle; mientras pienso en el calor que debe estar pasando con esas mallas.

El calor...

La chica que subida a unas plataformas de vértigo practica el funambulismo. Las chicas jovencísimas pintadas como una puerta. El niño que intenta trepar por el escaparate de un estanco.

La escalada...

Otro paso de peatones.

Gente que se cruza.

La pareja que hace ejercicio, ¿operación bikini?
Y pienso de nuevo que la semana que viene empezaré a salir a correr.

Los bebés en carritos, en brazos, dando sus primeros pasos...

Los chicos a la puerta del instituto con una camiseta de su equipo, no de los grandes, del de aquí.

La gente mayor...

La abuela que orgullosa enseña las fotos de su nieta a otra abuela.

La gente que desde el anonimato del interior de sus coches me mira con mala cara porque han tenido que frenar en el paso de peatones y que quizá ni ellos mismos saben hacia donde se dirigen.

De nuevo la prisa...

Entro en este residencial que alberga más gente que algunos pueblos y me cruzo con un vecino al que amablemente saludo, me mira y sigue su camino sin contestarme.

La educación...

Los nueve chicos y una chica que juegan al fútbol en la pista.

Las cosas van cambiando...

Las tres niñas y el niño que juegan en el patio a la pelota y que con una sonrisa me dicen "buenas tardes".

La educación...

El fresquito agradable al entrar en el portal.

Entro en casa, nuestra casa, el familiar aroma del ambientador.

Los papeles del Registro Civil sobre la cama del dormitorio, que parece una leonera.

La ilusión...

La calma...

Los sueños...

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported