jueves, 2 de junio de 2011

Al otro lado del arco iris

Hay quien piensa que al otro lado del arco iris se encuentran los duendes custodiando un tesoro maravilloso. Yo nunca oí hablar de esto hasta que hace unas semanas en el camino de vuelta a casa nos encontramos con el arco iris mas grande que había visto en mi vida. Era enorme y lucía espectacular, perfectamente definido, con sus siete colores, que se distinguían perfectamente, de violeta a rojo.

Me sigo sorprendiendo a mi mismo maravillándome con cosas como esta, creo que el espíritu de niño aún habita en mi, mi capacidad de sorpresa sigue casi intacta a mis más de treinta años.

Llegó un momento en que lo atravesamos, pasando por debajo de él; justo en ese instante fue cuando mi compañero me contó la historia de los duendes (o enanos, no recuerdo bien) que viven al otro lado.

Supongo que cualquier persona que sepa algo de física daría una explicación completamente racional y fundamentada de por qué se produce este fenómeno. Pero que queréis que os diga, prefiero seguir disfrutando de lo mágico que puede llegar a ser que de en medio de la nada aparezca ante nuestros ojos un puente de colores.

En ocasiones pienso que hay brechas que nos separan a unos de otros y que éstas a veces parecen insalvables. Hay quien focaliza su atención precisamente en eso, en la brecha, en la distancia, a veces casi un abismo que nos separa. A mi me gusta canalizar mi energía en pensar que más allá de la brecha, siempre hay muchas más cosas que nos unen que aquellas que nos separan. En el fondo creo que todos estamos hechos del mismo material.

Cuando soy consciente de esas distancias, me gusta pensar que no es difícil tender un puente. De hecho, cuando uno adquiere experiencia en la construcción de los puentes todo resulta muchísimo más fácil. No hace falta ser ingeniero, ni tener grandes conocimientos, al contrario, es algo completamente emocional. Al igual que la luz que atraviesa un prisma y proyecta los rayos de diferentes colores.

Creo que en las últimas semanas se esta cociendo algo, algo grande. Nos pilla tan de nuevas que no sabemos muy bien por donde cogerlo, ni que va a pasar en el futuro. Resulta tan increíblemente excitante asistir a la construcción de tantos puentes para poder llegar a un entendimiento entre personas tan diferentes, que me dan ganas de salir a la calle y empezar a gritar que si, que podemos, que no todo tiene que seguir igual, que es relativamente fácil llegar a entendernos, a aceptar al otro, a caminar juntos, a lograr en definitiva un mundo mejor.

Lo que espero es simplemente que podamos llegar todos al otro lado del arco iris y que los duendes estén dispuestos a compartir su tesoro con nosotros.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported