jueves, 31 de mayo de 2012

Optimismo

Acabo de ver un "estado" de un amigo en facebook y me ha dado que pensar. Ponía él que hoy se siente optimista y al momento he hecho un repaso mental rápido de los enlaces, comentarios, actualizaciones de "estado", etc que yo suelo ir poniendo en los últimos tiempos.
A bote pronto, lo he tenido claro, si alguien que no me conoce echase un vistazo a mi "muro", podría pensar que soy un amargado, que sólo presto atención a lo negativo. Aunque en los tiempos que corren es difícil abstraerse del bombardeo diario de noticias, a cual más desalentadora.

No puedo evitar "hacerme eco" de todas esas noticias, me indignan, me asquean, me cabrean, se me revuelven las entrañas...

Aunque a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, esto no me genera pesimismo, en serio que no. Creo que siempre hay espacio para la esperanza, para el optimismo, para seguir pensando, sintiendo, creyendo que otro mundo es posible.

Cada día tenemos la oportunidad de elegir cómo queremos enfrentarnos a nuestra realidad, la cercana y la global. Está en nuestra mano, nadie nos puede quitar ese derecho. Estoy convencido de que somos energía, que fluye, que se contagia, que nos contagiamos unas a otras.

De nosotras depende lo que queramos provocar en nuestro ámbito, en la gente que nos rodea. En cierta manera provocamos lo que proyectamos. Si transmitimos positividad, recibimos positividad. Si transmitimos negatividad y pesimismo, eso recibiremos.

Así que yo elijo cada día ser positivo, creer en las personas, confiar en que todo tiene arreglo, irradiar energía positiva con todas mis fuerzas, quiero provocar cambios.... Primero en mi y, en la medida de mis posibilidades, influir en quien pueda.

Si queremos, se puede, hay ejemplos. Sólo hay que rascar un poquito.

¿Alguien quiere un poquito de energía positiva? Venga, que tengo para repartir.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

miércoles, 23 de mayo de 2012

La fuerza

Desde pequeños nos enfrentamos, directa o indirectamente, a la pregunta de ¿tú que quieres ser de mayor?
A veces formulada así, en esta forma, directamente; otras veces con otros formatos: ¿a qué aspiras en la vida? ¿adonde quieres llegar? ¿qué buscas?...

Con el paso de los años voy teniendo más claro que no tengo nada claro, que cada vez tengo menos certezas. Al principio esto me preocupaba, pensaba que necesitaba ir afianzando cosas, ideas, pensamientos, sentimientos.
Poco a poco he ido descubriendo que es justo al contrario, me gusta no tener certezas. Esto me hace estar abierto, receptivo, dejándome influir por lo que me rodea, por lo que me encuentro, por quienes me voy cruzando en el camino.

 Es una maravilla poder sentir lo que ocurre, lo que me ocurre, con intensidad plena, sin medias tintas, sin tapujos, sin miedo alguno.

En muchas ocasiones me han intentado hacer creer que madurar, entre otras cosas, supone ir endureciéndose, insensibilizándote, logrando que lo que pasa a tu alrededor no te afecte o que lo haga sólo de manera superficial.
A esto es a lo que aspira mucha gente, por desgracia en mi opinión.

La vida a veces es puñetera, difícil, complicada, dura, injusta, dolorosa, ... Está bien, esa es la realidad, pero no creo que sea más fácil porque logremos que las cosas pasen lo más rápido posible y sin tocarnos.

Estoy convencido de que lo que realmente merece la pena es sacarle cada gramo, cada gota, cada mínima esencia a todo lo que nos ocurre; a todo lo que ocurre fuera y dentro de nosotras mismas.

Yo elijo sentir, sentirlo todo, cada vez más, con más intensidad, con toda la intensidad de la que sea capaz en cada momento, quiero vivir mi vida desde lo emocional, y si hay que llorar pues se llora y si hay que reír pues se ríe, si hay que abrazar se abraza, si hay que besar se besa, si hay que acompañar se acompaña, ...

Todas estamos fabricadas del mismo material.

Creo que eso es ser valiente y por supuesto eso es ser fuerte.

Hay que dejarse llevar, sin miedo, merece la pena, sin duda.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

lunes, 21 de mayo de 2012

Vuelta a casa

Cuanto tiempo sin escribir nada. Parece que el calorcito me incita a retomar la escritura. Para ir abriendo boca os dejo algo que escribí el 19 de mayo de 2010.


Salgo de comprar un rollo de papel de regalo, naranja por supuesto, vengo de comprar también un libro (para regalarlo) y de repasarme un tatuaje que aún resistiendo bien a los elementos de la naturaleza y al inexorable paso del tiempo, necesitaba ya un retoque. Me paro en los escaparates y empiezo a pensar, en realidad nunca dejo de hacerlo. Decido apagar la radio, seguir con los auriculares puestos y me pongo a observar, otra cosa que siempre estoy haciendo.

La pareja joven tomando café en una terraza, con un carrito y dentro un bebé. Las amigas de mas de cuarenta hablando mientras una de ellas compra tabaco, me cuelo y compro dos paquetes de camel; "tengo que dejarlo", me repito una vez más mientras saco el dinero de la cartera.
La conocida con la que me cruzo, le digo adiós y ella responde de forma automática. A veces parecemos robots.

La prisa...

El grupito de jóvenes a la puerta del supermercado recién hecha la compra para la correspondiente bacanal en su moderna versión de esta noche, en el botellodromo.

El alcohol...

Los dos tíos que se ganan la vida pidiendo limosna en la puerta del mismo supermercado. Uno dando indicaciones al otro de no sé que sitio, en no sé que calle; mientras pienso en el calor que debe estar pasando con esas mallas.

El calor...

La chica que subida a unas plataformas de vértigo practica el funambulismo. Las chicas jovencísimas pintadas como una puerta. El niño que intenta trepar por el escaparate de un estanco.

La escalada...

Otro paso de peatones.

Gente que se cruza.

La pareja que hace ejercicio, ¿operación bikini?
Y pienso de nuevo que la semana que viene empezaré a salir a correr.

Los bebés en carritos, en brazos, dando sus primeros pasos...

Los chicos a la puerta del instituto con una camiseta de su equipo, no de los grandes, del de aquí.

La gente mayor...

La abuela que orgullosa enseña las fotos de su nieta a otra abuela.

La gente que desde el anonimato del interior de sus coches me mira con mala cara porque han tenido que frenar en el paso de peatones y que quizá ni ellos mismos saben hacia donde se dirigen.

De nuevo la prisa...

Entro en este residencial que alberga más gente que algunos pueblos y me cruzo con un vecino al que amablemente saludo, me mira y sigue su camino sin contestarme.

La educación...

Los nueve chicos y una chica que juegan al fútbol en la pista.

Las cosas van cambiando...

Las tres niñas y el niño que juegan en el patio a la pelota y que con una sonrisa me dicen "buenas tardes".

La educación...

El fresquito agradable al entrar en el portal.

Entro en casa, nuestra casa, el familiar aroma del ambientador.

Los papeles del Registro Civil sobre la cama del dormitorio, que parece una leonera.

La ilusión...

La calma...

Los sueños...

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported