Es entonces cuando me pregunto ¿qué me está pasando? ¿Estaré delirando? ¿Quizás se me ha ido la pinza? Tal vez no me conozco tan bien como creo, o como deseo.
Resulta bastante desconcertante descubrirme en esos momentos, como si no fuera yo, como si fuera otro u otra quien se manifiesta. Supongo que hay material para que cualquier psicoanalista se pudiera poner las botas, pero no voy a ser yo quien le de el gusto.
Simplemente intento hacer una paradita, un echarme a un lado y pensar, mirar un poquito hacia dentro, analizar, poner las cosas en la balanza, reflexionar, ...
No es fácil, aunque ciertamente es entretenido. No siempre consigo encontrar una respuesta clara, aunque lo intento, pero tampoco me gusta darle demasiadas vueltas. Creo que es un ejercicio sano (ya que no ejercito mucho el cuerpo, al menos si lo hago con la mente).
Se me ocurre que quizás no sea yo, quizás sea otro yo, pero ¿acaso no tenemos todas las personas muchos yo(es)? Incluso se produce en mi una discusión interna, a 2 o 3 voces, raro ¿verdad?
Siempre he pensado que la línea que separa la cordura de la locura es tan infinítamente delgada que cualquiera la puede cruzar en un momento dado. De momento sigo del lado de la cordura, aunque a veces pase al otro lado. De vez en cuando no está mal, tiene sus ventajas, ¿la principal?: a los locos se les permite cualquier cosa.
Seguiremos loqueando...

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.