lunes, 21 de mayo de 2012

Vuelta a casa

Cuanto tiempo sin escribir nada. Parece que el calorcito me incita a retomar la escritura. Para ir abriendo boca os dejo algo que escribí el 19 de mayo de 2010.


Salgo de comprar un rollo de papel de regalo, naranja por supuesto, vengo de comprar también un libro (para regalarlo) y de repasarme un tatuaje que aún resistiendo bien a los elementos de la naturaleza y al inexorable paso del tiempo, necesitaba ya un retoque. Me paro en los escaparates y empiezo a pensar, en realidad nunca dejo de hacerlo. Decido apagar la radio, seguir con los auriculares puestos y me pongo a observar, otra cosa que siempre estoy haciendo.

La pareja joven tomando café en una terraza, con un carrito y dentro un bebé. Las amigas de mas de cuarenta hablando mientras una de ellas compra tabaco, me cuelo y compro dos paquetes de camel; "tengo que dejarlo", me repito una vez más mientras saco el dinero de la cartera.
La conocida con la que me cruzo, le digo adiós y ella responde de forma automática. A veces parecemos robots.

La prisa...

El grupito de jóvenes a la puerta del supermercado recién hecha la compra para la correspondiente bacanal en su moderna versión de esta noche, en el botellodromo.

El alcohol...

Los dos tíos que se ganan la vida pidiendo limosna en la puerta del mismo supermercado. Uno dando indicaciones al otro de no sé que sitio, en no sé que calle; mientras pienso en el calor que debe estar pasando con esas mallas.

El calor...

La chica que subida a unas plataformas de vértigo practica el funambulismo. Las chicas jovencísimas pintadas como una puerta. El niño que intenta trepar por el escaparate de un estanco.

La escalada...

Otro paso de peatones.

Gente que se cruza.

La pareja que hace ejercicio, ¿operación bikini?
Y pienso de nuevo que la semana que viene empezaré a salir a correr.

Los bebés en carritos, en brazos, dando sus primeros pasos...

Los chicos a la puerta del instituto con una camiseta de su equipo, no de los grandes, del de aquí.

La gente mayor...

La abuela que orgullosa enseña las fotos de su nieta a otra abuela.

La gente que desde el anonimato del interior de sus coches me mira con mala cara porque han tenido que frenar en el paso de peatones y que quizá ni ellos mismos saben hacia donde se dirigen.

De nuevo la prisa...

Entro en este residencial que alberga más gente que algunos pueblos y me cruzo con un vecino al que amablemente saludo, me mira y sigue su camino sin contestarme.

La educación...

Los nueve chicos y una chica que juegan al fútbol en la pista.

Las cosas van cambiando...

Las tres niñas y el niño que juegan en el patio a la pelota y que con una sonrisa me dicen "buenas tardes".

La educación...

El fresquito agradable al entrar en el portal.

Entro en casa, nuestra casa, el familiar aroma del ambientador.

Los papeles del Registro Civil sobre la cama del dormitorio, que parece una leonera.

La ilusión...

La calma...

Los sueños...

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