miércoles, 4 de septiembre de 2013

Futuro...

Acabo de estar en la oficina de empleo. Lo primero que me ha sorprendido es que para entrar hay que hacerlo por la puerta de atrás. Esto puede parecer algo sin importancia, probablemente la persiana no funciona y debido a los recortes no se puede arreglar, o tal vez no.
Este hecho aparentemente nimio, a mi me lleva a pensar en lo simbólico que puede contener todo aquello que nos ocurre y también los mensajes encubiertos, en las diferentes formas de interpretar lo que nos rodea. Yo y mi manía de leer entre líneas.
El caso es que tener que entrar por la puerta de atrás, para mi está cargado de connotaciones (negativas, por si hay alguna duda).

Pero esto era sólo el principio.

En la puerta, esperando que dieran las nueve en punto, estábamos unas treinta personas.
Al entrar (por la puerta de atrás) yo pensaba que habrían cambiado la disposición de la oficina, pero no, hemos tenido que recorrer toda la oficina, pasando por entre las mesas (la mayor parte de ellas vacías, tal vez fruto de los recortes también). Y he tenido una sensación extraña. Para mi suponía recorrer un espacio de sobra conocido y creo que para el resto de las personas que me rodeaban también.
En principio, otro hecho sin importancia, en principio. Porque parecíamos ovejitas camino del redil, ubicándonos cada una en nuestro sitio, esperando pacientes que el buen pastor nos llame una a una para darnos de comer o quizás esquilarnos. Cambiando al pastor por una pantalla antinaturalmente dispuesta en vertical en la que van apareciendo las iniciales y apellidos de cada ovejita. Y cambiando el pasto por un papel que acredita que estás en paro, como si hiciera falta ningún papel para decirte lo que ya sabes desde hace meses o quizás años.

El caso es que estaba en esas, esperando pacientemente mi turno, con los auriculares puestos pero sin escuchar música, ni la radio. Es una táctica que utilizo a veces para fijarme en lo que hace la gente y escucharles sin llamar mucho la atención. Mi puntito voyeur.
Había gente de todas las edades, pero estaba claro que para ninguna de ellas era algo nuevo.
Sobre todo, he tenido la sensación de caras de resignación. Y esto me genera pena, la verdad.

Había una mujer, que trabaja en la oficina, explicándole a la gente como funciona una maquina para renovar la demanda. Lo primero que me ha llamado la atención es como estaba mascando chicle, con una mezcla entre pereza y desidia. Además no le explicaba a la gente como hacerlo, sino que lo hacía ella directamente. Y por último, como les hablaba, con una condescendencia brutal.
Otra serie de hechos sin importancia, en principio.
Creo que es confiar muy poco en la capacidad de la gente, si quien debía explicar como se hace algo (por otra parte muy sencillo), en lugar de explicarlo lo hace. ¿No sería más provechoso fomentar la autonomía de la gente explicándoles algo que después podrían hacer por si solas y desde sus casas?
¿O acaso piensan que cuanto más tiempo pasa alguien en paro se le van muriendo las neuronas y va perdiendo capacidades?
Nadie le ha podido explicar a esa señora que con su actitud condescendiente está insultando a las personas que atiende, que eso no tiene nada que ver con el respeto y la amabilidad que debería aplicar en su trabajo, que lo que está haciendo es machacar la de por si dañada dignidad de quien acude cada día a la oficina de empleo con una esperanza cada vez más mermada.

Todo esto que yo leo entre líneas, lo intangible que se puede esconder detrás de hechos aparentemente inocuos, me lleva a pensar que existe una violencia estructural latente. Contra nosotras, las personas de abajo, los que cada día nos levantamos esperando que algo de nuestra situación laboral cambie.

Lo que me sigue sorprendiendo es como lo soportamos, como no estalla una revolución.

Cuando me ha llegado el turno, la mujer que me ha atendido lo ha hecho con una sonrisa en la boca, desde el principio hasta el final. Con una amabilidad y con un respeto que son de agradecer.
Supongo que aparte de lo estructural, está lo personal.

Imagino que esto es lo sirve de válvula de escape y hace que esta olla a presión no reviente.

Tal vez no todo es tan violento y existen pequeños oasis de tranquilidad en la realidad que nos rodea.

Tal vez es más importante focalizar la atención en lo positivo y no en lo que nos desquicia.

Tal vez la mayoría de la gente no tiene en cuenta lo ocurre por debajo.

Tal vez soy yo que le doy demasiada importancia a las cosas.

O tal vez no.

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